1ª parte: NADA QUÉ CELEBRAR
Hace ya doscientos años que Miguel Hidalgo, llamara a los pobladores de un pequeño pueblo a armarse con lo que tuvieran a mano e ir tras él a luchar en contra de la dominación española. Ese movimiento creció en cuestión de días hasta formar un ejército de cientos de miles que puso en jaque a la corona española quienes habían administrado la riqueza de este territorio durante casi tres siglos. Pocos meses después, todos los líderes que comandaron ese movimiento habían sido aprehendidos y fusilados. Sus cabezas colgaron durante casi un año de modo que todos pudieran ver lo que les había pasado a aquellos revolucionarios que murieron por sus ideales.
Los historiadores hablan de que ese acontecimiento pudo suceder por causa del hartazgo de la población por las grandes injusticias de que eran víctimas. Por la carencia de una justicia real, ya que las leyes y su aplicación tenían más que ver con la clase social que con las causas humanas. La brecha inmensa entre los pobres y los ricos y, finalmente, la falta de educación y cultura para el disfrute pleno de la vida. En fin, la injusticia social y la ausencia de un futuro promisorio para todos.
No hay nada qué celebrar:
Hoy, México, doscientos años más grande, sufre de los mismos gravísimos problemas y otros agregados, no menos críticos y peligrosos. Bástenos mencionar la narco-violencia o narco-insurgencia. La ausencia de poderes institucionales, y la poderosa influencia de los poderes fácticos en el país: los medios de comunicación, los grandes capitales, la mafia política y, finalmente, la sumisión frente a la potencia económica de Estados Unidos que roba, día con día, la esencia cultural e histórica de México porque pareciera que sus raíces le estorbaran en los esfuerzos que esa potencia hace por globalizar e imponer sus modelo económico y su estilo de vida, su moral, su concepto de historia y de cultura. Porque pareciera que todo aquello que no produce bienes materiales; es decir, dinero, nada importan. Así, la cultura, el arte, los pobres, la historia, etc. Pueden ser desechados sin ninguna clase de miramiento.
2ª La historia de México.
Hay muchos pasajes de la historia de México que, al parecer, han sido modificados a modo, según los intereses de los diversos poderes y épocas: La imagen de Hidalgo, los niños héroes, el pípila, etc. Sin embargo, la verdadera historia de México subyace en su gente, en la vida cotidiana de los pueblos indígenas, en el mestizaje, en la cultura tradicional de personas; de gente de carne y hueso, como ustedes, que han hecho de estas tierras su hogar. El hogar de nuestros hijos. Esa historia merece ser contada y aprehendida, esa historia incendia corazones y levanta conciencias. Esa historia no enseñada pero que existe y da identidad y razón a toda una Nación, diversa, compleja, dolida, vejada pero grande y majestuosa. En esa historia también tienen y tendrán su lugar nuestros héroes: Hidalgo, Morelos, Allende, etc. Pero hechos de carne y hueso, de razones y voluntades, de sentimientos y de miedos. A ellos los entenderemos entonces como parte de nosotros, porque son igual que nosotros. Serán entonces parte de nuestras familias, de nuestras realidades, de nuestra propia historia.
Pero ¿Dónde está esa historia? ¿Quién puede ser capaz de trasmitirnos esa historia nuestra? ¿Cómo llegaremos a ella?
3ª : Nuestra Historia
Esta historia no se cuenta: se canta. Porque el canto de los pueblos nos habla de su dolor y sus carencias, de sus alegrías y sus fiestas. De sus costumbres y tradiciones. De su amor y desamor.
Esta historia no se dice. Se hace: de barro y de cobre, se vive junto a nuestros hermanos Mixes de Oaxaca cada vez que suben a la tarima y toman sus instrumentos musicales para llenar el aire con sus historias y cultura. Se siente cuando nuestros pies no se quedan quietos ante un son jarocho o una redowa norteña.
En fin, se comprende cuando nuestros niños son capaces de tocar a Bach o a Mozart. A Ponce, a Bernal Jiménez o a Revueltas.
Sigamos haciendo historia, sigamos comprometiéndonos con dejar a nuestros hijos un Mexico más justo y bueno. Un México digno de ellos y unos hombres dignos de México.
Muchas gracias.
viernes, 15 de octubre de 2010
Palabras para el Bicentenario
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