viernes, 29 de agosto de 2008

En la penumbra de la identidad perdida.

Autor: Pablo Torres Parés.México, D. F. octubre de 2001.

Entre los procesos psicobiológicos por los que pasa un niño en su evolución natural y exitosa, la construcción de la autoestima, es decir de su valoración personal, de su seguridad en sí mismo, es de los más intrincados y complejos. Cada acción, circunstancia, momento y experiencia en su vida, tiene repercusiones trascendentales en la construcción de su identidad como ser humano. Quien desee dar una explicación concreta y breve de tales procesos está condenado al fracaso a priori; cada individuo es un mundo único, irrepetible y complejo al que no es posible abordar con los mismos parámetros con los que se indagó a otra persona; quien tenga dos hijos, cuyos padres son los mismos, que han vivido bajo el mismo techo y con la misma educación, circunstancia social, moral, etc. puede constatar que cada uno de ellos es absolutamente diferente y poseen autoconceptos radicalmente distintos entre sí. Si esto es un hecho en esas circunstancias, ¿qué tan distintos pueden ser tales procesos entre niños más lejanos? A pesar de dichas dificultades, abordar la construcción primeramente del autoconcepto y posteriormente de la autoestima, son temas torales en todos quienes nos interesamos en el desarrollo integral de la infancia. Podemos comenzar por aquellas circunstancias que afectan necesariamente a todos los niños; es decir, por las generalidades que serán, por lo mismo, más fácilmente comunes entre un número amplio de niños.
De acuerdo con las ideas de J. Piaget, el niño construye su autoconcepto a partir de las experiencias que aporta su propio cuerpo; por ejemplo: cuando nuestro niño observa por primera vez su manita y aprende a moverla de manera tal que le permite sentir la tibieza y tersura de la piel de mamá, valora también la maravilla que es su manita; así, poco a poco, aprende a valorarse a sí mismo, conociendo las posibilidades y maravillas de su propio ser. Noten Uds. en el ejemplo anterior la importancia de la parte afectiva de tal experiencia física. Es decir, la experiencia física por sí misma, no es suficiente para trascender hasta que no se integra en ella el aspecto afectivo. De ahí la importancia de las experiencias integrales, que, dicho sea de paso, las actividades musicales las provocan invariablemente. Mientras más experiencias significativas e integrales tenga el niño con relación a su cuerpo, más sabrá valorarlo e integrarlo a su imagen mental; más capaz se sentirá y más interesado estará en volver a probarse a sí mismo. Todo ello propiciará nuevas experiencias exitosas que se reproducirán provocando un círculo virtuoso que Piaget llamó “Espiral Ascendente”. Lo contrario; las experiencias frustrantes o no integrales, provocarán un círculo vicioso que sumirá al niño en la timidez y la inseguridad.
Sin duda, para aprender a amar algo o a alguien, es indispensable conocerlo: “mi familia me quiere por lo que soy, por que me conoce, sin importar mi apariencia o mi estatura”. El niño aprende a ser parte de su familia como su familia aprende a ser parte de él por medio de conocerse, de comprenderse de aceptarse tal cual son. Difícilmente podrá uno pertenecer de esa manera tan intensa a otro entorno social que no comparta sus raíces, su cultura, en fin, su identidad.
¿Sucederá lo mismo en un entorno mayor; por ejemplo, en una comunidad o, aún más, en un país? ¿cómo ocurre la adquisición del sentimiento de pertenencia a una comunidad o a una sociedad? Ciertamente todo proceso de adquisición de autoestima sucede de esa peculiar forma: conociéndose, aprendiendo a respetarse, a amarse por lo que es, por lo que siente, por lo que piensa; así, una sociedad aprende a valorarse al conocerla, al identificarse con ella, al vivir los mismos problemas y satisfacciones de la misma forma que los demás. Todo ello, nos hace sentirnos parte de esa integridad, parte armónica y necesaria del tejido social. Tales raíces hacen posible que cada uno de sus miembros crezcan hasta donde cada ser lo desee; las raíces permitirán sostener las particularidades específicas de cada miembro. Bien, si tal cosa ocurre de dicha manera, tenemos ante nuestros ojos la mejor forma de dominar y enajenar a una sociedad específica: corten sus raíces, desprestígienlas, descontinúenlas y tendrán miles o millones de seres inseguros, tímidos, incapaces de sentirse autónomos y emprendedores, necesitados todos ellos de asirse suplicantemente ante cualquier brillo que indique sentido de pertenencia, gran fórmula para hacer negocios multimillonarios. “si compras esto, tú serás digno y respetado”, “si me posees quiere decir que tú vales mucho”. También se comprenderá entonces la facilidad como las “cuentas de vidrio” de otras naciones, pueden parecer, “pepitas de oro” para los necesitados de identidad.
Sin duda, la educación, fundamentalmente durante los primeros años de vida, es toral para la defensa de la identidad de nuestros niños. La escuela debe centrar sus esfuerzos en alimentar el espíritu del niño con su historia, su cultura y su riqueza artística por medio de elementos educativos que se lo ofrezcan de manera integral y significativa, de tal manera que dote a cada uno de ellos con sus verdaderas raíces tan valiosas e inmensamente abundantes y ricas en el caso de México. He aquí el enorme valor de educar a través de las tradiciones y la cultura propia, no como una moda pasajera sino como un compromiso pedagógico irrenunciable, como un paradigma que dé razón y lógica a cada acontecimiento que suceda en el ambiente escolar. La canción infantil mexicana tan lejana hoy de las instituciones preescolares y el día de muertos que ha sido hoy suplantado por el comercial Halloween son ejemplos característicos de esta realidad. No permitirlo es labor de la escuela y el maestro comprometido, no negando el valor de otras culturas sino, por el contrario, permitiendo que el niño conozca primeramente lo que le pertenece dándole razón y sentido histórico y social, de manera que pueda entonces sí, acceder a otras culturas sin el temor de sentirse parte de ninguna.

Pablo Torres

La educación musical en los programas educativos preescolares.

Por: Mtro. Pablo Torres Parés

La educación neoliberal, hoy impuesta en el sistema educativo del país, es el resultado de las políticas educativas que han priorizado lo material sobre lo espiritual, lo concreto sobre lo abstracto, el bien económico, por sobre los bienes culturales, el utilitarismo social, por sobre el bien social. El paradigma del dinero por sobre lo humano. Estas políticas educativas, han venido gestándose poco a poco, de manera progresiva pero eficientemente organizada, como un cáncer irremediable, desde hace alrededor treinta años, fundamentalmente durante los últimos cuatro gobiernos priístas. El gobierno foxista actual no sólo no lo cambió, sino que se propuso exacerbar y robustecer aún más estos paradigmas que encuentran su mejor expresión y concreción en la bandera enarbolada durante el presente sexenio del “inglés y computación para todos”.
Hoy pareciera que la escuela pretende servir al modo de producción imperante más que al niño que tiene en sus manos. Proyecta sus acciones, por lo general, a la construcción de un buen empresario o a un eficiente y dócil empleado, olvidando poner, como dijera el poeta Mario Benedetti. “El acento en el hombre”. Si ello no ha permeado en su totalidad en la sociedad es gracias a maestros sensibles que luchan cada día por fortalecer algunos valores humanos en sus niños y mantienen algo de humanismo en sus actividades docentes.
En aquella concepción utilitaria de la educación, En esos fundamentos materialistas de la escuela, nada tiene que hacer el arte, ninguna razón justifica la presencia de la música. La sensibilidad humana no puede tener precio, por lo tanto no sirve. La belleza, trascendente e intemporal, estorba los principios del mercado de “úsese y tírese”, Hay que terminar con ella a toda costa. La riqueza cultural de un canto tradicional en nada ayuda a la transculturación e igualación de patrones de conducta. Por ello, en menester desaparecerla de cada rincón en donde pueda estar haciendo su labor humana. Las raíces culturales y estéticas de toda una nación sólo complican el proceso de enajenación y sometimiento a una cultura imperial. Entonces deberá quedar eliminada. La actividad musical, creativa por definición, sólo estorbaría a los procesos de sometimiento del espíritu libre del niño. Nada más peligroso y conflictivo. Se ha llegado a confundir el orden de los factores en el binomio dinero – niño, lo que hace posible encontrar sistemas pseudo-educativos que ponen al niño al servicio del dinero, en lugar del dinero al servicio del niño. Estas son las razones por las que, a mi juicio, se ha hecho posible que un material educativo tan valioso en el desarrollo de la infancia, fundamental para la vida de un ser sensible y frágil como los niños, pudiera haber sido abandonado tan abruptamente a pesar de sus gravísimas consecuencias sociales, culturales y pedagógicas.
Entre los fundamentos que la pedagogía ha evidenciado como elementales en el proceso educativo y que nos habían unido en los fines que perseguimos con nuestra labor, destacan:

- El juego. Elemento integrador de todo aprendizaje significativo para el niño. Todo educador sensible sabe que el juego es principio y fin de la educación. Es ahora, después de reconocer su valor histórico, filosófico y práctico, que el juego debiera ser evidente en todo momento en el aula preescolar.
- La educación integral e integradora. Aquella que pretende servir al desarrollo armónico y completo del niño para bien de él en primer término.
- El respeto a las necesidades e intereses de los niños. No de los medios de producción.
- La necesidad de que la educación que recibe el niño fortalezca su identidad y riqueza cultural que le da raíz y sentido. En lugar de fortalecer la imposición forzosa de la cultura imperial aún a costa de sacrificar la identidad propia del niño.
- Una educación que respete el desarrollo psico-biológico del niño, acepte sus tiempos y favorezca un acceso feliz y apacible a la sociedad. En su lugar, la escuela es motivo de angustia del niño, le ha generado problemas de salud que incluyen enfermedades antes destinadas a los adultos como: colitis, hipertensión, migrañas, diabetes y el ahora ultra famoso t.d.a.h. (Trastorno por déficit de atención e hiperactividad) prueba irrefutable del fracaso evidente de los sistemas educativos imperantes.
- Una educación que valore las diferencias por sobre las similitudes, que reconozca los valores integrales del niño más allá de sus uniformidades cognitivas que pretenden igualar y achatar a los pequeños para hacer “series” de individuos lisos.
No dudo que la mayoría de quienes nos dedicamos a la educación de los más pequeños coincidimos en estos altos ideales educativos, pero, ¿son, en los albores del siglo XXI, una realidad en nuestras aulas?
Pareciera ser que la respuesta inexorable es “no”. Y una de las razones más claras y comprensibles es, sin duda, por la ausencia de las actividades musicales y artísticas.
Es la música la que encuentra armonía entre el juego libre y los más altos propósitos educativos. Porque al jugar, creando belleza, todo sucede. El niño se emociona, se anima, crea, memoriza, aprende, indaga, imagina, transforma, se socializa, comprende al otro, lo apoya, se mueve, actúa, observa, se organiza, sigue reglas, se hace paciente, respeta turnos, se expresa, se libera, colabora, lucha, ama, vive, ríe…
Porque al cantar, el hecho integral se vuelve, al fin, una realidad tangible y clara: porque no es posible cantar sin memorizar, sin imaginar, sin pensar; como también al cantar es necesario sentir, los propios sentimientos, los del otro y los de la obra que se interpreta y, finalmente, pero con el mismo peso, no es posible cantar sin tener un torrente de respuestas motrices que van, desde la sensación del pulso, hasta la explosión de movimientos que significan la danza. Es decir: No es posible cantar sin pensar, sentir y vivir corporalmente el hecho educativo. O, dicho de otra manera, cantar es la más alta muestra de educación integral e integradora.
Porque sólo a través de la música y del arte, el niño encuentra eficientes medios de expresar su mundo interior y con ello dar muestras a la educadora sensible de sus sufrimientos y angustias, de sus miedos y alegrías, de sus sueños y sus anhelos. Así, la educadora capacitada poseerá con la música la herramienta mágica para comprender el mundo interior de sus alumnitos y sabrá entonces respetar sus necesidades y encontrar en sus intereses, los caminos emancipadores para ellos y la realización personal como docente.
Porque a través del arte popular y concretamente a través de la lírica infantil de México, el niño mexicano encontrará sus raíces y su riqueza cultural propia, valores que lo harán crecer seguro de sí mismo y de su familia, confiado y libre para descubrir nuevos horizontes y hacerlos suyos.
Porque sólo la música puede armonizarse con su desarrollo biológico haciendo evidentes los caminos propios y riquezas personales, únicas y bellas, infinitas y trascendentes, porque la música es, como él, un ser vivo que se amalgama en cada una de sus células y las protege y guía con perfección y seguridad, como lo demuestra la inmensa experiencia de la musicoterapia y la estimulación musical temprana.
No hay que olvidar que una característica de la obra bella es su originalidad; esto es que lo que la hace bella, especial, única, es, precisamente, sus diferencias, su riqueza irrepetible, sus especiales dotes. Así también, la expresión afectiva que ella ofrece, será inigualable, incomparable, como único es lo que cada niño siente y percibe.
De acuerdo con las ideas estéticas de F. Schiller aquello que une los dos estados opuestos del hombre, el pensar y el sentir, lo objetivo con lo subjetivo, lo material con lo inmaterial en un estado superior del hombre es, precisamente, lo bello. Y lo bello es una ausencia en los programas actuales de educación preescolar. ¿Cómo acercarse a lo bello sin el arte? esto es un contrasentido.
No lograremos una educación congruente, eficiente y trascendente mientras no vuelvan de manera profusa los sonidos y la belleza a las aulas de los niños y hasta que no sea real y continua una formación musical y artística en las educadoras y en los sistemas de formación de docentes de México.
Los programas vigentes en las escuelas para la infancia, ahora por “competencias”, y a pesar de que ellas puedan o no ser una moderna versión de organización y riqueza pedagógica, rinden tributo a todos aquellos fines utilitarios y materialistas de que he hablado en las anteriores líneas.
El programa actual de preescolar es un programa alejado de un fin estético del uso de la música, que la resume en dos competencias que solo brillan por la incapacidad que presentan para integrar en ellas los altos fines educativos que puede tener el arte de los sonidos en el aula infantil.
- Comunica las sensaciones y los sentimientos que le producen los cantos y la música que escucha.
- Interpreta canciones, las crea y las acompaña con instrumentos convencionales o hechos por él.[1]

¿Dónde queda la relación estética del niño con la música, la afinación, el gusto musical, la identidad musical, la sensación interna de lo sensible en la actividad musical, la apreciación musical toda, el lenguaje musical por completo, el repertorio tradicional, la dirección musical, la crítica estética, la forma musical, los juegos tradicionales, los cantos de nana….?
Y de su valoración dentro del jardín de niños… nada. Un discurso estéril de apenas tres párrafos referidos a la educación musical, que no atinan a dar una razón congruente del valor inmenso de la educación musical y artística en el aula preescolar.
El repertorio de los jardines de niños es otro aspecto que se encuentra severamente dañado y en deterioro constante. Hoy la música que se canta en los jardines de niños mexicanos es ajena a la lírica infantil tradicional y no obedece, en general, a ningún mínimo control de la calidad. Así los niños pueden cantar obras que dañarán su sensibilidad estética en lugar de fortalecerla.
La educadora, por otra parte, que había luchado por mantener su actividad de ritmos cantos y juegos, le cuesta cada vez más trabajo mantener esta actividad y hacerla con facilidad, por una parte porque las nuevas generaciones van egresando de su escuela formadora con nulos conocimientos sobre la actividad y por otra porque la música no encuentra cabida en los fines que hoy le exigen el programa y las presiones sociales que la mantienen ocupada en cuestiones más urgentes aunque sean menos educativas o necesarias.
Así las cosas con la educación musical, no encuentro posibilidades de salida en seguir esperando pacientemente que la solución baje de nuestras autoridades educativas nacionales. Estoy convencido que, al igual que empieza a suceder en la política, es la sociedad civil, en nuestro caso los maestros, quienes debemos empezar a cambiar las cosas. Si las educadoras, las directoras, las supervisoras, los maestros de música o como en este caso, la Editorial Santillana, no hacemos algo por empezar a cambiar esta realidad artística de nuestras escuelas, nada vendrá del cielo. Si cada escuela, cada educadora, cada directora y supervisora, busca alternativas, promueve las iniciativas musicales escolares, se organizan para tomar cursos de actualización musical y, algo muy sencillo y pleno de significado: cantan música bella con sus niños, seguramente, en poco tiempo los programas y planes nacionales, tendrán que volver a encontrar en la música y en el arte, sus principales aliados en pro del niño y de la educación.

Habrá que ver si estamos listos para asumir la responsabilidad del cambio.

Muchas Gracias.

[1] Programa de educación preescolar 2004, S.E.P. p. 98. Editado por la S.E.P. México

La actividad musical en el desarrollo del lenguaje

Por: Pablo Torres Parés.
Uno de los aspectos más apasionantes y complejos del desarrollo del niño es, sin duda, el proceso de su lenguaje. Sobre él se ha teorizado y escrito infinidad de obras y tratados. En él, Jean Piaget, sustentó el origen del pensamiento y la formación de estructuras mentales superiores. El lenguaje ha sido, durante décadas, motivo de aparición y destrucción de múltiples teorías y técnicas, tanto en el campo de la psicología como en el pedagógico. Es, nuevamente la discusión de este tema, la que nos convoca a reunirnos en esta histórica y bella Ciudad de Morelia en los albores del siglo XXI.
Tal vez se ha dicho ya tanto sobre el tema, que la información pareciera enredarse y volverse cada vez más enigmática y, así, transformarse en un laberinto de considerables proporciones, pleno de caminos tortuosos que terminan en el mismo sitio y de otros fáciles que pronto se convierten en callejones sin salida. La realidad educativa muestra dolorosamente que nuestros sistemas escolares en lo general, han fracasado de notoria manera.Mientras los colegios preescolares particulares ofrecen a sus padres que los niños saldrán de esa escuela leyendo y escribiendo, los jardines oficiales insisten en señalar que no es necesario forzar a los infantes a hacerlo a toda costa durante la etapa preescolar. El hecho final, es que ambas instituciones, particulares y oficiales, alcanzarán la meta de hacer leer y escribir a la generalidad de sus pupilos para el segundo año de primaria. Sin embargo, la realidad muestra que niños y jóvenes de primaria y secundaria, no leen. El promedio de libros leídos en México es de 0.5 libros por año por persona . Todos nuestros esfuerzos resultaron vanos, no han servido para el fin que nos proponíamos: el manejo integral de su lenguaje materno. Sin duda hay excepciones que no hacen sino confirmar la regla.
El camino que la música propone, es una ruta distinta, más lógica, predecible y confortable, pero sobre todo, segura.
La diferencia estriba en que la música es un lenguaje natural en el niño; es decir, los nenes nacen con la capacidad “natural” de expresarse por medio de sonidos organizados, estructurados. En otras palabras, musicales. Los bebés son capaces de comprender mensajes musicales perfectamente estructurados aún antes de nacer, por ejemplo por medio de una canción de cuna y percibir en ella sensaciones de bienestar, seguridad, confort, amor, etc. Igualmente, ellos son capaces de expresarse con precisión por medio de sonidos y silencios estructurados de tal manera que hacen que su madre, instintivamente sensible a esos mensajes, pueda comprender sus necesidades primarias: hambre, sueño, sufrimiento, dolor, higiene, etc. El niño es capaz de manejar con soltura y precisión un lenguaje complejo que posee todo aquello que un lenguaje debe poseer: letras, palabras, frases, oraciones, mensaje, emisor, receptor, ritmo, estructura, orden, fraseo, etc. Sólo que existe una gran diferencia: Nadie se lo enseñó. Estaba ya ahí, en su equipaje biológico. Sin embargo, esta dotación inicial de la infancia, es, como todo su organismo, sujeto a destruirse o atrofiarse si no se alimenta y estimula adecuadamente. He ahí en donde nosotros entramos.
Para J. Piaget, monumental psicólogo suizo, El pensamiento, propiamente dicho, no comienza sino hasta la aparición del lenguaje . Lo que él no tomó en cuenta, es que la aparición del lenguaje musical, sucede aún antes del nacimiento del niño. Este hecho psico-biológico, indiscutible desde el punto de vista empírico, podría dar pie a infinidad de estructuras mentales de pensamiento “propiamente dicho” aún antes de nacer. De ahí la riqueza infinita de la musicoterapia durante el embarazo y en los primeros meses de vida en todo lo concerniente a la construcción del pensamiento infantil.
El otro aspecto fundamental de la estimulación musical del lenguaje, sucede cuando se analiza la riqueza de un objeto bello en el proceso de estructuración del lenguaje.
La belleza, en palabras de F. Schiller, “une y enlaza los dos lados opuestos del hombre” : el pensar y el sentir. Lo concreto de lo abstracto, el ser y el hacer, en un nivel superior del individuo que él denomina el “estado estético”, en donde todo confluye, en donde todo sucede y puede ser posible. Ello, traducido a nuestro lenguaje pedagógico es, simplemente, lo que hemos anhelado toda la vida: la educación integral. Una canción bella, hace posible una influencia pedagógica trascendente en el terreno cognitivo: memoria, atención, creatividad, inteligencia, análisis, síntesis, etc. tanto como en el área afectiva: al percibir los mensajes sensibles de la obra misma, al expresar con precisión el sentimiento propio y al entender con claridad la sensibilidad del otro. Pero todo ello se hace posible al momento en que el cuerpo todo reacciona al ritmo de la melodía, se hace realidad con estructuras motrices que responden al pulso, al acento, a las secuencias rítmicas, melódicas y armónicas, en síntesis, a la estructura rítmica de la obra, desde la simple sensación pulsátil hasta la explosión motriz que significa la danza. Es entonces, una simple canción, con la sola característica de ser bella, el hecho integral por excelencia.La actividad musical entonces, puede llegar a satisfacer integralmente necesidades fundamentales del niño: de comunicación, de seguridad, de afecto, de pertenencia, de socialización, de juego, de placer, de descanso, etc.
Así, el niño percibe en la actividad musical un aliado, un elemento que le ayuda, comprensible, manejable, satisfactorio; ello garantizará que en cuanto el niño lo reciba, lo usará en infinidad de ocasiones hasta lograr extraerle toda sustancia nutritiva, por interés de él, no de su educadora. Así, encontrará en el manejo del lenguaje los satisfactores que no hemos sabido darle al niño en forma tal que garantice su uso abundante y feliz para siempre.
Es la música la que lo enseñará a hacer del lenguaje su compañero de viaje, su cómplice y su mejor herramienta para la vida. Su satisfactor de necesidades. De ahí el inmenso valor de la actividad musical de calidad para el desarrollo del lenguaje en la infancia. Una adecuada estimulación musical durante los primeros años de vida, pueden garantizar el desarrollo feliz y armónico de todas las capacidades necesarias para la estructura del lenguaje: congnitivas, afectivas y motrices.

II
En cuanto al desarrollo del lenguaje escrito en la infancia, la música también tiene grandes atributos:
  • El símbolo musical surge de su propia necesidad expresiva.
  • Este símbolo es un recurso para el juego, principio activo de su desarrollo.
  • Lo musical da un significado integral a cada signo.
  • El lenguaje escrito musical contiene un mensaje bello. Valor pedagógico superior por su contenido integral.
  • El lenguaje escrito musical se convierte en la manera de conservar sus tesoros afectivos, de plasmar sus sentimientos y de crear con libertad y belleza.
  • El lenguaje musical transforma los fines materialistas de la educación en fines humanistas.

Qué se requiere:
  • Romper esquemas y aventurarse a cambiar.
  • Modificar el paradigma educativo materialista por: “Educar para y por lo bello”.
  • Formación integral de la educadora con amplio conocimiento musical:

Formación inicial (escuelas formadoras de docentes).
Formación continua.

  • Implementar una estructura músico - pedagógica en los jardines de niños con asesores musicales eficientes y preparados.

Los cambios estructurales en la educación no pueden implementarse desde la cúpula poderosa, ya que ellos no desean un cambio estructural, porque atentaría contra su propio poder. Es la sociedad civil la que en la actualidad ha llevado a cuestas los cambios significativos en el mundo. Esa sociedad civil se encuentra hoy aquí frente a mí. Pero es necesario que asuma su compromiso con el niño y con su profesión y se lance a la lucha política, cultural y organizativa con principios científicos, artísticos y éticos. Ustedes tienen la palabra…
Muchas gracias.
Pablo Torres Parés. ptp@infocem.org Marzo 2006. México, D. F.

Diario La Jornada, 23 de abril de 2002, sección cultural.


Jean Piajet, Seis estudios de psicología infantil, Paidós, Barcelona, 1985, pp. 43 y ss.

Federico Schiller, La educación estética del hombre, Espasa Calpe, Argentina 1943 (Colección Austral) pp. 86 y ss.

La Metodología Torres.

La Metodología Torres.


Se trata de un método completo, congruente y armonioso que pretende el desarrollo integral de los niños a través del estímulo musical y de acuerdo al desarrollo bio-psico-social del niño. Es completo porque incluye técnicas, principios filosóficos, éticos y estéticos, saberes psicológicos actuales, ya que se basa en la teoría psicogenética desarrollada por J. Piaget, bases pedagógicas y todo lo que se requiere para hacer de la actividad musical una actividad vital, armoniosa y feliz para todos los participantes. Es congruente porque, por primera vez en toda la actividad musical se armonizan las metas y propósitos musicales con los ideales pedagógicos y el respeto al desarrollo natural e integral del niño con las más altas metas estéticas. Es armonioso porque logra integrar al niño en una actividad educativa con el respeto pleno a su individualidad, inmerso en un ambiente social afectivo, interesante y pleno de belleza.
Consta de cuatro aspectos musicales a desarrollar:

  • Apreciación y cultura musicales: que va desde reconocer la belleza de su canto hasta desarrollar su sentido estético capaz de disfrutar la obra musical de los grandes autores. Dar valor a la música tradicional como su lenguaje materno, favorecer el acercamiento a conocimientos de cultura musical como algunos instrumentos formales, características y producción sonora, etc.
  • Formación vocal: desde el balbuceo expresivo hasta la adquisición de un canto bello, expresivo y funcional.
  • Formación instrumental: desde el reconocimiento de el sujeto como un ser productor de música a partir de los instrumentos de su propio cuerpo, hasta desarrollar el interés por un instrumento formal con el que pudiera incursionar en el mundo académico de la música.
  • Lenguaje musical: en donde se desarrollan las capacidades expresivas de la música, desde el reconocimiento de mensajes musicales hasta la estimulación y preparación para la futura lectoescritura musical; así mismo, esta área atiende el desarrollo de la creatividad en el niño, aspecto sustantivo de la educación moderna.

La música como elemento indispensable en la educación moderna.


Por: Pablo Torres Parés.
Director del Centro de Estimulación Musical.
http://www.infocem.org/

Todos quienes hemos tenido la dicha de participar en la emocionante aventura del desarrollo de un niño, ya sea como padres, psicólogos, terapeutas o como sus maestros, no dejamos de maravillarnos de la riqueza y complejidad de ese proceso biológico tan delicado e importante para la vida futura. Se sabe que los primeros seis años de vida son esenciales para un buen desenvolvimiento del adulto. Hay quienes llegan a afirmar que hasta el 60% de lo aprendido en la vida, fue asimilado antes de cumplir siete años. Sin embargo las diversas formas de asimilar las cosas hacen la diferencia entre una vida feliz y plena o una vida llena de frustraciones y dificultades.
La actividad musical ha demostrado ser, alrededor del mundo, el método idóneo para el aprendizaje feliz, significativo e integral para los niños. La música cautiva el alma y el corazón del niño porque establece una comunicación directa, positiva y rica en conceptos, sentimientos y voluntades. La actividad musical permite que el niño disfrute sus actividades de aprendizaje convirtiéndolas en un juego emotivo y bello; así mismo, le permite contar con un medio de expresión de su sensibilidad y su mundo interior permitiéndole destensarse y abrir su pensamiento a los demás así como comprender a los otros mediante los mensajes sensibles de los sonidos. Así se logra potencializar los aprendizajes de manera geométrica, volviéndolos trascendentes, duraderos e integrales.
Todo ello no es casual o mágico sino que obedece a principios psicológicos y biológicos perfectamente comprobables desde diversos puntos de vista científicos y filosóficos. Entre ellos destaca la integralidad de la música o, en otras palabras, cómo el lenguaje de los sonidos puede llegar a la mente, el cuerpo y los sentimientos al mismo tiempo, logrando, como nada en el mundo, incidir integralmente en el ser humano. También es importante mencionar el efecto catártico producido por la música, es decir, la posibilidad de volcar hacia fuera o hacia los demás el mundo interior, con lo que fluye la expresión de nuestros sentimientos y estados de ánimo, lo que produce una sensación única de satisfacción, estabilidad y congruencia biológica además de la posibilidad de socializar o establecer contactos exitosos y productivos con los demás.

Para la institución educativa inicial y preescolar, la actividad musical debiera ser “oro molido”. El arte de los sonidos podría erigirse como la mejor herramienta para acceder al desarrollo integral y al aprendizaje placentero y feliz del niño. La música, correctamente utilizada, puede hacer que el tedio escolar se transforme en alegría, lo cotidiano sea convertido en especial, la comunicación entre adulto y niño se vuelva fácil, fluida y comprensible, las experiencias pedagógicas se hagan trascendentes y significativas para todos. En síntesis, volver congruente el ambiente escolar con el desarrollo natural del niño y los intereses de los educadores.
Sin embargo, la realidad dista mucho de ser lo óptimo en el qué hacer musical que existe en nuestros jardines de niños. Tristemente es posible comprobar que los programas para la formación de las nuevas profesionales de la educación infantil han abandonado casi completamente su formación musical haciendo que las nuevas generaciones inicien su importante tarea con un mínimo o ningún conocimiento musical; la música que se utiliza en las escuelas, por lo general, no ha pasado por ningún control de calidad, lo que ha hecho posible encontrar, en algunas ocasiones, obras de pésima y aún nociva calidad en manos de los pequeños que la reciben amorosamente de manos de sus educadoras, con el consiguiente daño afectivo para los nenes. Las habilidades musicales necesarias en el personal que trabaja para los niños se encuentran en mínima proporción o simplemente ausentes: Muy pocas maestras saben tocar un instrumento y menos cantan afinado, es rara aquella educadora capaz de leer notación musical, existe un mínimo de cultura musical general, lo que dificulta el acceso de los grandes compositores de la música así como otros aprendizajes esenciales para el desarrollo musical del niño. En cuanto a la metodología y técnicas pedagógicas de la actividad, el panorama no es más alentador: subsiste aún el esquema anquilosado que se utilizaba para “Cantos y Juegos” hace más de cien años. (Entrada – saludo – canto nuevo – etc.) que obedece a principios pedagógicos ya muy superados y a una concepción del niño que ya nadie más acepta. Pero fuera de este esquema, el panorama está abandonado, Muy pocas maestras se atreven a innovar y proponer en este sentido, primeramente por su poco conocimiento musical y el temor de entrar a terrenos desconocidos y frágiles.
Es hora de encarar todos estos problemas y volver la actividad musical de calidad a donde pertenece: a la institución preescolar; al mundo de los niños de donde nunca debió salir. Es momento de organizar un proyecto de formación musical para todas y cada una de las personas que trabajan en la educación del niño a fin de hacerlas nuevamente cantar y amar la música y conocer su maravilloso mundo interior. Es el momento de regresarle a la educadora su máxima herramienta educativa y de relación con los niños: la música, panacea educativa y derecho inalienable de todos los niños.

Proyecto Estratégico para la creación de la Escuela Normal de Educación Musical de la Ciudad de México.

Conferencia dictada en el 1er. CONGRESO NACIONAL DE EDUCACIÓN ARTÍSTICADel 4 al 8 de septiembre 2006, México, D. F. Por: Mtro. Pablo Torres Parés.

FUNDAMENTACIÓN.
Durante al menos las últimas dos décadas, la educación básica de nuestro país (fundamentalmente la educación preescolar y primaria), ha sufrido uno de sus más grandes descalabros, tanto en su estructura institucional como en los resultados visibles en la formación de los jóvenes que hoy egresan de primaria.
v “México, último lugar en calidad educativa y campeón en deserción” La Jornada, 12 de julio de 2003.
v México, estancado en el lugar 28 en educación, señala la OCDE. La Jornada, 17 de septiembre de 2003.
v Educación artística: con rezagos históricos y sin profesionalización. Concebida como materia poco relevante. Comunicado Nº 112, Observatorio Ciudadano de la Educación. www.observatorio.org
Estos datos evidencian, entre otras cosas, un importante fracaso en la ineludible obligación gubernamental de proporcionar la mejor educación posible a su población, tal como lo obliga el Artículo Tercero Constitucional. Por otra parte, no menos importante, el deterioro constante de la educación pública en México ha evidenciado la tendencia de los últimos gobiernos por hacer de la educación popular un negocio más como cualquier otro, cuyo producto comercial es la cultura, llevando tal percepción a la incongruente visión educativa de que quien más pague más recibe. Así, hoy los padres de familia ven como una obligación moral prepararse para poder pagar una “buena escuela” para sus hijos, tomando como indicador de “buena” el costo que ésta tenga, de modo tal, que será mejor mientras más cara resulte y perciben como un fracaso que sus hijos permanezcan en una institución oficial en donde no se cobra, ya que ello indicaría -a partir de aquel razonamiento- que la escuela y sus enseñanzas son de la más baja calidad. Este aspecto evidencia la desacreditación que sufre hoy la institución educativa oficial y el debilitamiento de su prestigio ante la población. Pero también es perceptible el constante deterioro académico de dichas escuelas ante el abandono sistemático a que han estado sometidas y a los paupérrimos esfuerzos por fortalecerlas académicamente. Ante tal situación, el gobierno federal ha apostado a modificar la realidad educativa nacional con recursos más cercanos a la batalla del libre mercado, que con recursos culturales y humanistas que pudieran hacer un verdadero cambio cultural y ético en las escuelas iniciales. Ellos se materializan en la gastada frase de “inglés y computación para todos” que ha caracterizado al presente gobierno federal.
Mientras todo lo anterior sucede, paulatinamente se han ido eliminando elementos humanistas fundamentales para la adquisición de identidad y cultura propias. La materia de música es el más claro ejemplo de dicha situación.
A partir de 1984, con la elevación a Licenciatura del nivel de los estudios correspondientes a la Educación de los niveles de Preescolar y Primaria, se observa el deterioro evidente de la actividad musical en los futuros docentes; las materias artísticas prácticamente desaparecen de un día para otro. Sin embargo, dada la gran necesidad de los estudiantes por estas materias -ya que son el medio de comunicación idóneo con el niño- y de la conciencia de algunos maestros que antes las usaban con frecuencia, surgieron infinidad de talleres y demás propuestas emanadas de la inventiva de cada una de las escuelas normalistas que trataban infructuosamente de suplir las graves deficiencias en los programas. A partir de 1992, con una nueva propuesta académica para las instituciones normalistas, se garantiza la ausencia plena de las materias artísticas relegándolas a un reducidísimo lugar en el plan educativo normalista y en cuyos programas la acción fundamental es la lectura de diversos textos alusivos al valor del arte. Ni un sonido, ni una nota, mucho menos un instrumento o un canto. La música había desaparecido por completo. En cuanto estos nuevos maestros formados en este nuevo plan normalista hicieron su aparición en los diversos Jardines de Niños y Primarias, se evidenció ahí también la ausencia de la música. Las educadoras ahora temen enfrentarse a una sesión de música o Ritmos, Cantos y Juegos, simplemente porque no saben qué hacer en ella. En las primarias, las voces callaron en las aulas y la música simplemente desapareció sin dejar rastro. En las escuelas secundarias se hizo posible, por primera vez en toda su historia, encontrar diversas instituciones que no contaban ya con maestros de la especialidad, por lo que se permitieron cambios en los programas vigentes que indicaban la actividad musical dos veces por semana en los tres grados. Hoy es raro encontrar una escuela secundaria en donde permanezca la música los tres grados. Así, la actividad musical ha desaparecido de las aulas en donde antes se cantaba y jugaba con ella abundantemente, lo que sin duda ayudaba de manera decisiva a formar seres sensibles, autónomos, felices, creativos e integralmente desarrollados.
La ausencia de la actividad musical, impide eficientemente que las nuevas generaciones absorban identidad y cultura propias a través del medio idóneo, por integral y efectivo: la música de las diversas regiones, rica en contexto, cultura; la belleza y significado de sus cantos y juegos tradicionales, formas de ser y de pensar, de trabajar, de vivir y de morir; en fin, de historia y sensibilidad propias que significan, precisamente, una identidad nacional que da raíz y cuerpo a su gente, que libera y fortalece, que une y valora, que trasciende y permanece.
Uno de los proyectos globalizadores que más dañó lo poco que había de educación musical en el país, fue la concepción del denominado “Arte Integral”, que proponía crear una materia en las escuelas que atendiera al arte en su totalidad. Este concepto que los pedagogos en general vieron con buenos ojos dada la tendencia globalizadora mundial, tenía en sus entrañas la mejor forma de acabar con lo poco eficiente que había. De pronto se encontraron los maestros de música de las escuelas en la obligación de ponerse a bailar con sus alumnitos. Los de artes plásticas ahora tenían que cantar alguna canción, o actuarla, etc. Peor aún; la dispersión de temas, conceptos y metas hizo que la actividad o se abandonara o cayera en lugares comunes cercanos al ridículo, llegando a crear tal confusión en maestros y alumnos que, de arte, no quedó nada. Sin embargo, esta tendencia propició que la infraestructura de especialistas, organizaciones, academias, oficinas y demás elementos con los que contaba cada especialidad, desaparecieran en un mar de inconsistencias, soledad e inanición presupuestaria y social. En el caso de la educación musical, que contaba con dirigentes de la talla de los Maestros. Luis Sandi y Carlos Chávez o el propio Manuel M. Ponce, con una Sección de Música Escolar adscrita al I.N.B.A. con presupuesto propio y enorme prestigio al interior de las escuelas secundarias, ha quedado en una indefensión tal que prácticamente cada maestro camina con el sólo recurso de su persona en el caos del deterioro y el desprestigio constante. Los grupos musicales escolares, antes abundantes y de gran calidad, han caído en el olvido o son mantenidos por uno que otro maestro aguerrido que lo defiende de su desaparición con su labor, generalmente altruista y carente de reconocimientos y apoyos institucionales; por la otra parte, se observa en muchas escuelas (principalmente de tipo privado), grupos musicales que repiten los esquemas más comerciales de la actividad musical y que son utilizados más que con fines pedagógicos, con finalidades comerciales y de publicidad.
Mientras todo ello sucede, las Escuelas Superiores de Música o Conservatorios, perciben a la formación de nuevos maestros de la especialidad como un lastre que les impide utilizar todos sus recursos a su función principal que es, desde su perspectiva, la formación de músicos (instrumentistas, cantantes, directores e investigadores) pero no de maestros de escuela, que requieren una formación pedagógica, psicológica y técnica diferente a la que ellos imparten.
Debido a un movimiento social que ha venido creciendo, diversificándose y fortaleciéndose en los últimos años, en la ciudad de México hoy es posible pensar en una nueva forma de hacer las cosas y de gobernar con otro proyecto de Nación. Existía una posibilidad real de que, al fin, esto llegara a materializarse en las elecciones del año 2006, pero el enorme fraude electoral alejó del corto plazo estas esperanzas manteniéndose las cosas como hasta hoy están o, peor aún, que se agraven por la avaricia y compromisos adquiridos por los nuevos gobernantes con la peor mafia del poder. Es fundamental que durante este gobierno de la ciudad de México, se sienten las bases de un cambio cultural que permita no perder el rumbo ante las enormes deficiencias educativas que enajenan y entorpecen a la nación. Es indispensable crear una infraestructura que permita devolver a nuestros niños una identidad cultural y social, una educación libre de los valores del dinero y plena de valores éticos y estéticos; una educación que permita formar jóvenes con pensamientos críticos, analíticos y capaces de vencer los intentos de enajenación que el libre comercio impone, sensibilidades superiores que sepan percibir la belleza, porque lo bello implica llegar a un nivel más elevado del ser que trasciende el pensar y el sentir en un estado superior, en palabras de F. Schiller, el “Estado Estético”.
Sostengo que una educación musical adecuada y comprometida con los más altos valores educativos y con su nación, es capaz de devolverle a la niñez sus raíces culturales y sociales; así mismo, puede fortalecer todas las capacidades mentales, afectivas y físicas de la niñez, de modo que permita estar en mejores condiciones para enfrentar los retos futuros y su acceso a niveles superiores de conocimiento y análisis con mejores herramientas y posibilidades, ya que la música puede llegar a transformar al ser desde su raíz. De hecho, todos los países cuyos resultados educativos son considerados entre los mejores del mundo, muestran entre sus planes y programas escolares, una gran presencia de la música en todos los niveles; ello, sin duda, no es obra de la casualidad. La actividad musical de calidad y organizada permite devolver a la educación sus más altos valores humanistas, transformar la sensibilidad de modo tal que sea proclive a la paz, al entendimiento entre los pueblos del mundo y tenga acceso a los más altos valores de justicia y participación cívica, ecológica y cultural, entre muchas otras virtudes que el desarrollo de la sensibilidad y el arte regalan a quienes lo atesoran durante su formación, fundamentalmente a temprana edad.
La manera idónea de construir una infraestructura que posibilite una mayor incidencia de la actividad musical en las escuelas, de manera controlada, creciente y académicamente congruente es, precisamente, con la creación de una escuela rectora de la educación musical de la ciudad de México, denominada “Escuela Normal de Educación Musical de la Ciudad de México, (E.N.E.M.C.M.) que nutra a las escuelas, en general, de maestros especialistas, hoy casi en extinción, así como que genere infinidad de formas de actualización y mejoramiento de los maestros en servicio, al mismo tiempo que estructure y coordine las diversas actividades académicas musicales escolares.

PROPÓSITOS DE LA E.N.E.M.C.M.:

v Formar docentes en educación musical preescolar, primaria y secundaria, comprometidos con la educación estética y con su Nación y poseedores de los más altos valores éticos y culturales, así como de los más innovadores conocimientos en educación, cultura, arte y sociedad.
v Crear los espacios necesarios para la formación y actualización de los docentes en servicio, en temas relacionados con la educación musical y su aplicación en las escuelas.
v Fungir como órgano colegiado capaz de proponer, dictaminar, aportar y sugerir todo aquello que pueda tener injerencia en la educación musical escolar.
v Asesorar y apoyar a todas las escuelas normales hermanas en sus necesidades musicales en general.
v Lograr la vinculación de los diversos actores educativos y culturales del quehacer musical de la Ciudad de México y del Mundo con la educación musical en general.

OBSERVACIONES SOBRE FINANCIAMIENTO DE LA E.N.E.M.C.M.
A) La E.N.E.M.C.M. tendrá un costo de funcionamiento similar al de la E.N.M.J.N. considerando una planta docente no menor a 120 elementos con categorías y salarios iguales a los de las otras escuelas normales de la Ciudad de México.
B) Requiere de instalaciones parecidas a las de la E.N.M.J.N. con algunas variantes:
a. 6 Salas de usos múltiples especiales para ensayos de conjuntos corales e instrumentales.
b. Instrumental musical para banda, orquesta y orquesta de instrumentos escolares; además, 100 guitarras, 10 pianos de estudio, 4 pianos de cola, 20 teclados electrónicos, percusiones diversas.
c. Una sala de conciertos con alrededor de 500 butacas.
d. Dos salas de conciertos pequeñas (alrededor de 100 butacas)
e. 20 salas de estudio individual con aislante sonoro.
f. Es posible incluir como parte de las instalaciones escolares, a un jardín de niños, una primaria y una secundaria, todas ellas ubicadas muy cerca de la institución, como laboratorios pedagógicos de la escuela, tal como sucede con las escuelas normales hermanas.

RESULTADOS CONCRETOS A CORTO PLAZO.
A) Se atenderá a 220 alumnos en cada grado escolar (cuatro en total) por lo que se obtendrá los primeros 200 licenciados en educación musical en cuatro años. Además, durante el transcurso de esta primera generación de estudiantes, se podrá atender la actualización de alrededor de 1000 maestros y educadoras en servicio, con lo que se podría superar la atención musical actual en más de un 200% en tan sólo cuatro años. En ocho, es posible revertir los daños ocasionados en las últimas décadas y regresar a los niveles de máxima actividad educativa musical registrada en el país, no sólo en secundaria (como antes sucedía) sino ahora también en educación preescolar y primaria, con lo que se promoverá eficientemente la necesidad y pertinencia de una Escuela Normal de Educación Musical. Ello seguramente habrá de encontrar eco en otros estados de la República, promoviendo así los ideales de esta primera institución -única en su género- en la niñez y juventud de toda la Nación.
B) La escuela puede convertirse en un centro cultural de gran incidencia en la población de la Ciudad de México, con ciclos de conciertos, conferencias, eventos académicos y demás acciones de difusión y extensión educativa-musical con las que se aprovecharán óptimamente las instalaciones escolares (como sucede actualmente con el Conservatorio Nacional de Música y con la Escuela Nacional de Música de la U.N.A.M.).
C) En caso de lograr que la E.N.E.M.C.M. fuese instalada en el Centro Histórico de la Ciudad de México, podría fungir como eje cultural y musical de esa zona que pretende instaurarse como un centro cultural de gran actividad y prestigio de la Capital de la República.

ACCIONES:
v Establecer el apoyo logístico de la Escuela Nacional para Maestras de Jardines de Niños (E.N.M.J.N.) como escuela modelo en la construcción de la E.N.E.M.C.M., personificado en su actual directora, la Lic. Raquel G. Bárcena Molina.
v Promover el apoyo institucional al proyecto por parte de la Dirección General de Educación Normal y Actualización del Magisterio en el D. F. (D.G.E.N.A.M.D.F.) cuya anterior Directora General, Dra. Etelvina Sandoval, conoció y respaldó el presente proyecto.
v Presentación del proyecto primeramente en el Congreso Nacional de Educación Artística y, posteriormente, al Lic. Marcelo Ebrard Casaubón, próximo Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, para su posible incorporación a los planes educativos del actual gobierno.
v La creación de los planes y programas correspondientes a la Licenciatura en Educación Musical con tres especialidades terminales: educación musical preescolar, primaria y secundaria.
v La creación física y administrativa de la Escuela Normal de Educación Musical de la Ciudad de México.
v Puesta en acción de la E.N.E.M.C.M.

El sueño de contar con una Escuela Normal de Educación Musical ciertamente no es nuevo, ha estado en el corazón de cientos de profesores de la especialidad; pero el hecho de presentarla ante un congreso de la magnitud de este, sí representa un avance novedoso y sustantivo en el camino arduo de hacer realidad este anhelado proyecto. En sus manos está apoyar e iniciar la E.N.E.M.C.M.
Muchas Gracias.
Pablo Torres Parés.
ptp@infocem.org

La guerra y nuestros niños.

Con motivo del inicio de las agresiones armadas de EE.UU. a Irak.

Como padre de dos pequeños y como responsable de un centro de estimulación temprana, llevo varios días tratando de llegar a una conclusión razonable con respecto a dos interrogantes:
1. ¿Cómo le explico a mis hijos y a mis alumnitos el injustificable acontecimiento de la guerra? y
2. ¿Qué responsabilidad tenemos los educadores (incluidos los padres) en esta situación social?
Debemos considerar que todo individuo, casi de la edad que sea, ha tenido abundante información acerca de la guerra y de sus consecuencias por todos los medios: los niños oyen a sus padres comentar con otros, la ven a cada instante por la televisión, tratan el tema en sus escuelas, observan numerosas fotografías, etc. No cabe ninguna duda de que ellos saben que existe la guerra y que eso conlleva algún riesgo, aunque no podríamos generalizar sobre la percepción que ellos tienen sobre esos riesgos, ya que cada uno lo ve de su singular manera y particulares características sociales y psicológicas; sí, en cambio, podemos considerar que los niños de nuestros países ven los riesgos como lejanos y nebulosos y que los sufrirán gente que ellos no conocen. Difícilmente podrán considerar los devastadores efectos que tendrá en la economía de nuestros países, en la seguridad social que sin duda ello desencadenará al generar aún más terrorismo, desolación, muerte, enfermedades de extrañísima aparición, recomposición de los mega-poderes, el desplome del dólar o del petróleo y un sin fin de otros hechos que en mayor o menor medida nos llegarán y afectarán irremediablemente.
Cuando algo comentamos a nuestros hijos, generalmente partimos de sus preguntas y nos escudamos de no decir nada arguyendo que “no me ha preguntado al respecto”. Pero ahora preguntan a cada momento y además sabemos que toda esa información que están recibiendo se está acomodando a su pensamiento y convivirá con ellos el resto de sus vidas. Ante ello ¿es ético no hacer nada?, ¿Es permisible hacerse el disimulado y fingir que no pasa nada? No. ¡Absolutamente no!. Nuestros niños están siendo intensamente influidos por la guerra aunque ésta se encuentre a miles de kilómetros de casa. Son otra víctima de ella. Entonces, manos a la obra: La técnica dice que habrá que explicar a los niños estrictamente la verdad. Pero, ¿qué demonios es la verdad en esta guerra?, ¿qué concepto de “buenos” o “malos” usaremos?; ¿quién fue más malo o quién merecía ser tratado así?; ¿quién es justo o injusto?. Ese camino no nos llevará a nada.
El asunto me sitúa entonces a rechazarlo absolutamente: ¡No a la violencia! Toda ella es mala y perniciosa, termina por afectar a los débiles e inocentes y por ser injusta y cobarde. La violencia -cualquiera que sea su causa- genera, irremediablemente, más violencia. Muy bien; tenemos ya un principio más o menos sólido, pero ¿de qué servirá una exclamación de no violencia si nuestros infantes pasan decenas o cientos de minutos cada día frente a un aparato que promulga exactamente lo contrario en cada uno de sus programas pseudoinfantiles con una carga extrema de violencia y antivalores. Si percibe actitudes prepotentes entre sus propios padres, maestros o adultos que lo rodean, si llega a una escuela en donde lo enseñan a “competir”, más que a convivir, cuya finalidad es “producir” más que hacer felices, seguros y apacibles a los niños que atienden? Nuestra exclamación de ¡no violencia!, quedará en la memoria del niño solamente como una más de las locuras de los adultos. Esta guerra no habría sido posible si la educación de muchas generaciones no hubiera sido lo que fue: una oda al poder del dinero. El brazo político del modo de producción imperante. Una educación que ha desdeñado cínicamente a la música y al arte como medio superior y perfecto de encuentro y superación del espíritu humano. Una educación que ha olvidado que su finalidad no es producir artículos de uso en una fábrica o en una dirección ejecutiva, sino, por el contrario, seres felices y armónicos que sepan amar y ser amados, que perciban el sufrimiento de otros, que vivan las diferencias como la mayor riqueza del hombre. En fin, una educación libre, creativa, amorosa, respetuosa, honesta, tolerante, sabia...
Sería imperdonable no sintonizar nuestra voz al unísono con el canto a la no violencia, pero ello no servirá de nada si no actuamos por generar un cambio reflexivo y profundo en nuestros ambientes educativos, cambiemos algo en el hogar, en el aula, en la escuela de nuestros hijos, hacia esta otra educación en donde el paradigma rector no sea el valor del dinero sino el valor de lo bello y estaremos haciendo algo verdaderamente trascendente no sólo por parar esta aberrante, vergonzosa guerra, sino también, por dejar a nuestros hijos un mundo mejor que el que hemos hecho.

Pablo Torres Parés.
Mes del Niño.
México, D. F., 2003.

Política Educativa y Educación Musical.


Conferencia dictada por el Mtro. Pablo Torres Parés en el III FORO INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN PARA LA INFANCIA, Escuela Nacional para Maestras de Jardines de Niños, en México, D. F.


Muy probablemente esta es la última vez que, como parte de la plantilla docente de la E.N.M.J.N., tengo la oportunidad de dirigirme a este auditorio. Ello hace a la ocasión muy especial para mi persona. Han sido casi treinta años de trabajo ininterrumpido -más de veinte en esta escuela- luchando en pro de la educación musical en cada oportunidad que se me permitió y en otras que lo hice sin permiso alguno. Enfrentándome a veces a la autoridad, entregando mi labor docente de cada día de la mejor forma que pude y supe. Discutiendo muchas veces, suplicando otras tantas, exigiendo, demostrando, haciendo… El final, todos lo pueden apreciar: Hoy, la educación musical de las futuras docentes en educación preescolar, ha desaparecido completamente. Ha muerto. Muchos maestros dedicaron su vida a la defensa de la educación musical, bástenos recordar a mi compañero y amigo, Carlos Pimentel, sin embargo la lucha de todos no ha tenido mayor resultado. No somos culpables nosotros, tal vez logramos con nuestros múltiples esfuerzos retrasar un poco los temidos resultados que de esta carencia se tienen hoy en día. También debo decir que no me siento de ningún modo vencido ya que ahora planeo muchas nuevas estrategias en otras trincheras. Nuevas ideas, compromisos y fuerza en defensa de la educación en la que creo firmemente y a la que dedicaré mi vida entera. Pero debo aceptar que en las escuelas normales por el momento y en las actuales circunstancias académicas, está perdida la batalla y que esta derrota, pone al país entero en una encrucijada de la que las consecuencias esperadas son para la población en general, de todo punto catastróficas. Esta situación no ha sido casual o resultado de un mero error pedagógico. Sostengo que es la consecuencia de una política educativa planeada por las altas esferas de poder político y económico y cuyas secuelas propician y garantizan la continuidad del sistema económico imperante. Haré lo posible por comprobar tal afirmación.

A medida que el sistema Neoliberal va siendo impuesto en el país, comienza a trastocar al sistema normalista nacional que había sido bastión indiscutible del fortalecimiento de la política nacionalista impulsada, fundamentalmente, por el Gral. Lázaro Cárdenas. Aquellas consignas que abanderaron a las misiones educativas que viajaban por todo el país sembrando escuelas, bibliotecas y centros de apoyo campesino y popular empezaron a verse como potencialmente peligrosas para las nuevas demandas políticas del imperio. Las escuelas normales empezaron a ser blanco de ataques de todo tipo haciendo que murieran de inanición la mayor parte de ellas. Sin embargo, era imposible acabar del todo con la formación de docentes; lo que se necesitaba era una nueva fórmula de control estratégico que garantizara el acceso de nuevas cuadrillas de docentes libres del “virus nacionalista”. Vino entonces la cristalización de la nueva política neoliberal en el ascenso a nivel de licenciatura de las escuelas normales: Como un Caballo de Troya educativo, se muestra la válida riqueza de elevar el rango académico de los maestros a licenciatura mientras se llena internamente de nuevos paradigmas formativos en los planes y programas que entraban en acción allá por el año de 1984. Los golpes más certeros están dados: A nivel laboral una licenciada en educación preescolar gana no más del 10 % de lo que una que no lo era; El trabajo efectivo sufre un aumento considerable al pasar a tener mayores responsabilidades y tareas que antes y se propone la fórmula del “doble turno” para obtener un poco más de salario (que nunca se duplica en la misma relación que su trabajo) pero que sí garantiza que la educadora salga totalmente agotada y sin ninguna posibilidad de superación posible tanto por el tiempo usado en su labor como por el esfuerzo que ello implica. Se organiza también esa escala oscura llamada “Carrera Magisterial” que garantiza que la educadora no vaya más allá de lo que institucionalmente le sea permitido. Pero no es en estas políticas laborales que están los verdaderos planes de dominio que están preparados para el futuro docente de preescolar. En las aulas de la escuela se percibe un cambio sutil pero constante: de dos coros, una orquesta, una estudiantina, un grupo de mandolinas, otro de guitarras, otro más de marimbas, otro de acordeón; poco a poco, van callándose los instrumentos y las voces, van desapareciendo maestros y salones hasta que no queda uno sólo de estos grupos. ¡Ni uno! A la actividad musical con las alumnas se destinaban dos horas semanales durante seis semestres. De un día al otro, quedan únicamente dos horas, dos semestres. Pero no para música, sino para un refrito absurdo llamado “Arte integral” que ni integró, ni hizo arte jamás. Se proponía que las cuatro materias artísticas se hicieran bolas en esas dos horas durante dos semestres. Las escuelas reaccionaron, los maestros sacamos desplegados, gritamos, luchamos. Pero nadie oyó nada. Como algunas escuelas insistían en hacerle espacio a las materias artísticas por medio de talleres o clases metidas a fuerza en las últimas horas y demás artimañas, de arriba llegó un nuevo plan. Ahora sólo se leerían algunas hojas que hablaban de la presencia del arte en el desarrollo del hombre. Pero ni un canto, ni un instrumento, ni un sonido. Este es el nuevo plan vigente en las escuelas normales del país. Ahora la música depende de la buena fe de las autoridades de estas escuelas, como en nuestro caso que tenemos la fortuna de ser dirigidos por una artista, además de una persona sensible. Pero aún así, la música no logra tener mayor presencia que estas buenas intenciones ya que el círculo vicioso se ha cerrado completamente: La mayor parte de las escuelas primarias del país no cuentan con educación musical. Dos terceras partes de las escuelas secundarias ya no la tienen y de la tercera parte que sí la mantiene en muchos casos exclusivamente sucede un año. En las escuelas preparatorias prácticamente es inexistente y llegan sus egresados a las escuelas normales en donde ya se ha descrito la situación, por lo que precisamente esas educadoras sin ninguna formación musical serán las encargadas de propiciar las actividades musicales de los niños de México que entrarán a las primarias ya comentadas. Esta es hoy la realidad de la formación musical del ser humano en México.

¿De qué sirve la educación musical?

Podríamos hablar aquí de toda la riqueza pedagógica que hay detrás de una canción tradicional; por ejemplo, de la forma en que ella hace realidad los más altos propósitos pedagógicos de una verdadera educación integral, significativa, trascendente y feliz, pero deseo contestar esta vez desde una nueva perspectiva política:

Habrá que ver la respuesta desde dos aspectos antagónicos:

& el valor del arte para el dinero y

& el valor del arte para el hombre.

El valor del arte para el hombre ha sido materia de estudio en infinitas ocasiones, pero a veces pareciera que no tenemos memoria; veamos sólo algunos principios fundamentales:

& El arte musical propicia el desarrollo de la sensibilidad, lo que permite un mundo más justo, un rechazo a la violencia, a la prepotencia, a la injusticia, al dolor humano y permite una relación más armoniosa entre los seres, el acuerdo y la conciliación. Valores todos contrarios a las fuerzas del mercado, a los buenos negocios de la guerra y la enajenación; de las clases sociales y del poder político.
& El arte musical propicia la formación de un juicio estético que permite aquilatar la calidad de las relaciones sensibles, la universalidad de lo bello y la trascendencia y permanencia del objeto bello. Cuestiones totalmente contrarias a los paradigmas del dinero, del “usese y tírese” y “compre la novedad hasta que llegue la otra”. También contrario a considerar como el más alto valor al dinero mismo, por encima de lo bello, del amor o de la justicia.
& El arte propicia la riqueza de pensamiento, la creatividad, la imaginación y la memoria. El poder del dinero ve estas cuestiones como los mayores peligros para sí y para sus grandes poseedores.
& El arte propicia la esperanza y la fe en un mundo mejor. El dinero requiere que se acepten casi todos como seres desechables e incapaces de cambiar nada.
& El arte brinda satisfacción y respeto. El dinero requiere que la gente esté en un estado constante de insatisfacción generadora de nuevas ventas y de un desprecio por sí mismo y por los demás.
& El arte da identidad, el dinero la quita.
& El arte integra, el dinero desintegra.
& El arte enriquece el espíritu, el dinero lo empobrece.
& El arte no es creado siguiendo las normas de un producto de mercado. Por lo que el dinero lo desprecia cuando no produce bienes de capital.
& El arte es entonces, la antítesis del dinero. El arte no se defiende porque nunca ha sido su función práctica; el dinero, en cambio, usará todos sus recursos para acabar con el peligro del arte en la población.

Estas son las verdaderas razones por las que la música y todas las demás artes, han sucumbido en la formación de niños y jóvenes. Pero sé también que todos lo sabían o al menos lo intuían, y en ese sentido, todos hemos sido responsables de permitirlo. Nadie duda hoy que el arte sea un medio de emancipación y de cambio real de la humanidad, pero muy pocos están dispuestos a dar una lucha frontal en defensa de una educación por el arte. Una educación que proponga un paradigma más elevado que el valor del dinero en el proceso educativo. Es ahí en donde se encuentra la verdadera batalla de todo aquel que pretenda dejar un mundo mejor a través de la educación. Cuando coincidamos en que el fin de la educación no es crear conocimientos o habilidades (hoy llamadas competencias) sino hombres felices e íntegros y valores humanos. Cuando se coincida en señalar a la educación no como un acto de imposición y sometimiento sino, muy por el contrario, en un acto de amor. Ese día habrá en nuestras aulas, otra vez, cantos y música, sonidos y esperanza.

Muchas gracias.

Apreciaciones Acerca del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad



(Presentado a la mesa de T.D.A.H. organizada por la Subsecretaría
de Educ. Básica y Normal, S.E.P. el día 19 de enero de 2005.)
Por: Mtro. Pablo Torres Parés.

Nunca como hoy, se ha oído hablar del trastorno que los niños (y adultos) sufren con una recurrencia creciente -al parecer de manera geométrica- que les impiden lograr relaciones exitosas con sus pares y, de manera particular, con la escuela.
Pequeñines que en un año acumulan 3, 4 ó 5 cambios de escuelas por su “mal comportamiento”, niños inteligentes (generalmente más inteligentes que la media) que sufren el rechazo de sus maestros, compañeritos y hasta de algunos familiares que prefieren mantener lejos a ese “torbellino”.
Quienes se ocupan de ellos se dividen por lo general en dos bandos: Aquellos que tratan de descubrir la causa biológica y/o psicológica que ocasiona el síndrome (conjunto de signos y síntomas) y el modo de “arreglarlo” llamémosles “cientificistas” y, por el otro lado los que se ocupan en entender sus conductas y encontrar las justificaciones éticas de las mismas, pongámosles el nombre de “conductualistas” (que no conductistas).
Tales posiciones que considero igualmente extremistas, con mucha frecuencia culpan o señalan directamente al niño como origen del problema o, en el mejor de los casos, el sujeto que hay que corregir o modificar y, aunque ambas tienen algo de razón, sostengo que equivocan su estrategia de análisis al volver rígidos sus argumentos. Hay que analizar el problema en su totalidad. El hecho de que el cerebro de un niño en particular presente una irregularidad específica, no explica nada. Hay gente que ha vivido una vida prácticamente normal con daños mayores, como la extirpación de partes importantes de su cerebro y otras que han fallecido por solo tocar la masa encefálica. No hay, hasta este momento, estudio científico alguno que pueda prever que un niño va a sufrir, irremediablemente, un TDA en el futuro.
Tampoco es justo señalar que los medicamentos utilizados, como el Ritalin, han resultado siempre fatales. Sin duda hay algunos casos en que el medicamento ha resultado exitoso; aunque generalmente por un corto lapso; sin embargo, como casi todo medicamento de orden alopático, sólo atiende a los síntomas y no a la raíz del problema, por lo que ha resultado fácil comprobar a los cientificistas los mediocres resultados rumbo a la curación del mal en un individuo y existen abundantes testimonios de familiares de niños tratados con ese medicamento que evidencian trastornos más graves que los que se trataba de subsanar, provocados por efecto del medicamento. Hay también casos que en un principio observaron buenos resultados que fueron disminuyendo en el corto tiempo y en ciertas ocasiones, se tornaron en negativos; sume a esto, las dificultades que ocasiona su adicción y dependencia, comparada por diversos estudios con la que ocasionan drogas como la cocaína y la heroína.
En el otro extremo, el de los conductualistas, difícilmente se cuenta con el rigor científico y el análisis meticuloso que caracteriza a los cientificistas, por lo que apenas se detallan experimentos correctamente diseñados que pudieran fortalecer sus teorías. Lo cual no les resta razón y verdad, pero difícilmente logran acreditarlas y comprobarlas. Por lo general, su experiencia se basa en abundantes testimonios que no son sino eso: particularidades. Sin embargo, esos testimonios nos remiten a innumerables vivencias cercanas que animan a coincidir con sus razonamientos y a solidarizarnos con sus dolorosas experiencias. Los conductualistas ponen el acento en comprender y aceptar al niño, en entender y asumir su problemática como un daño que él debe aprender a controlar y a llevar consigo.
No dudo que existan unos y otros casos (con daño cerebral o neuronal que con medicamento se tranquilice y otro en que la aceptación amorosa y el empeño individual, lo suavice) pero estoy convencido de que esos pocos pertenecientes a una y otra postura y muchísimos otros que no embonan en ninguna de ellas, cuentan con mucho más qué analizar, qué decir y cómo actuar. No trataré aquí de hacer ese análisis –que debe ser exhaustivo y particularizado– sino tan solo de evidenciar los diversos aspectos que sugiero que pueden abordarse en un análisis integral, concienzudo y valioso a modo de ponerlos en la mesa de discusión.
El sistema educativo y sus maestros. Hoy la escuela se esmera en agotar al niño imponiéndole tareas y labores casi imposibles de lograr. En un régimen de competencias, el niño es sumergido inmisericordemente en un ambiente hostil, rígido y autoritario a competir incluso en contra de sí mismo por mayores capacidades de memoria y de manejo de datos (letras, números, nombres, etc.) que le son ajenos y que no le interesan más que para mantenerse a flote y sobrevivir en tal ambiente.
Es lógico suponer que dicha circunstancia lo tense y angustie de manera tal que lo llegue a afectar psicológica y físicamente; hoy en día han aparecido enfermedades otrora destinadas a la edad adulta, en niños de escasos 6 u 8 años: colitis, gastritis, hipertensión, colesterol elevado, migrañas, anorexia, bulimia, diabetes, neurosis, depresión, etc.
Agreguemos a este ambiente escolar la absurda y antipedagógica tendencia a “desmexicanizar” al niño, prometiendo todas o casi todas sus clases en inglés y la adopción de casi la totalidad de las características culturales de otro país a fin de erradicar las suyas ¿El resultado? Una evidente carencia de identidad y autoconcepto que somete al ya deteriorado niño a una inseguridad e inestabilidad nunca imaginadas. ¿Cuál es la respuesta que podemos esperar de un niño inteligente sometido a tales circunstancias?, ¿Su defensa, su lucha por no ser sometido?, ¿Cómo llamarán sus maestros a tales conductas?
Familias pequeñas, desorganizadas, conflictivas y/o desintegradas.
Hace poco tiempo, el periódico La Jornada, publicó una noticia escalofriante: el 60% de las familias sufre algún tipo de violencia. ¿Cómo pueden afectar a los niños tales circunstancias? Padres y madres que requieren laborar jornadas inacabables para poder salir adelante con los compromisos económicos agobiantes y, ¿por qué no? Intereses profesionales propios, pero que han hecho disminuir considerablemente las relaciones afectivas propias de esos lazos familiares, a veces, saliendo de casa antes de que el niño despierte y regresando a ella cuando el pequeño ya se ha dormido. Familias que constan sólo de padre o madre o, si bien va, de ambos, pero que están lejos de los abuelos y demás familiares que a veces, ayudan en el cuidado y atención de los niños. ¿La respuesta a tales problemas radica en un medicamento como el Ritalín? ¿En justificar sus conductas?
La ausencia del Juego. Se ha comprobado de todas formas posibles que el elemento formativo y de desarrollo por excelencia durante la infancia es, indiscutiblemente, el juego. Socializa, libera, interesa, globaliza, enriquece, desarrolla y enamora al niño. Pues bien; ¿dejamos jugar al niño? ¿A qué hora lo levantamos para ir a la escuela? ¿Se han asomado a sus aulas para verlos si juegan o si los mantienen “aprendiendo”? ¿Cómo responden sus maestros ante el juego espontáneo del niño? ¿A qué hora los liberan de ese lugar? Y en la tarde ¿juegan libremente o van al karate, a la natación, al inglés, a la computación? Tal vez el niño entonces entrega su mente a un videojuego que lo mantiene sentado y sin dar lata. ¿Cuánta tarea les dejan cada día? Bueno, pero el ratito que sobra, ¿tienen con quién jugar? Entonces ¡cómo esperan que el niño no reaccione explosivamente!
5. Las experiencias afectivas. Si alguno de nosotros, adultos, llegamos preocupados, presionados por el trabajo o las dificultades económicas, ¿qué esperamos de nuestros familiares y amigos? cariño, comprensión, atención, ¿no? ¿Y nuestros niños? ¡Igual! Sin embargo las enormes dificultades a las que se enfrentan los padres disminuyen drásticamente el tiempo y las oportunidades de amarnos. ¿El resultado? Catastrófico. Nada necesita más un ser humano que sentirse amado.
6. La comunicación. Explicar con claridad lo que percibimos al no sentirnos amados, por ejemplo, es una experiencia verdaderamente difícil para un adulto; rara vez lo logramos con precisión. Para un niño es aún más difícil expresar con claridad lo que su alma siente a través de un lenguaje que aún no domina. Aumente por favor sus dificultades escolares; con sus amigos, sus temores, sus necesidades cognitivas, físicas y afectivas. Seguramente que él se siente al final del día como el “el bicho más raro, incomprendido e indeseable del mundo”.
7. La alimentación. La cantidad de comida chatarra y de azúcares refinados que llegan al estómago de nuestros niños harían infartarse a más de un nutriólogo. Hay estudios nutricionales, sobre todo en los Estados Unidos –soberano en asuntos de la “comida chatarra”– que señalan su efecto directo en la hiperactividad y ansiedad de los niños, así como en la raíz de otras patologías de toda índole y gravedad.
Los factores anteriores no pertenecen a la biología directa del niño sino que son factores sociales, culturales y biológicos exógenos cuya responsabilidad recae en otras personas e instituciones que debieran tener la información y responsabilidad suficientes para decidir e intervenir de manera adecuada a fin de evitarle dificultades innecesarias al pequeño y garantizarle una mejor calidad de vida.
De cualquier forma, agregue usted aquí todos los otros factores que se señalan en los diversos y numerosos artículos y disertaciones que aquí se han escuchado y analizado y que se refieren al niño mismo: los factores biológicos, físicos y psicológicos que hacen de cada niño un ser único y particular y obtendrá un más denso y complejo panorama del llamado TDA.
¿Todo está perdido? No, de ninguna manera.
Aunque el problema es inmenso, el primer paso para su solución es comprenderlo en su totalidad. La solución debe ser, entonces, integral y ocupa a todos: El sistema educativo tiene que hacer su parte admitiendo sus antinaturales y agresivas prácticas y construyendo nuevas alternativas educativas más armoniosas, felices y respetuosas de la individualidad, idiosincrasia y cultura del niño, un sistema educativo más afín a la naturaleza y desarrollo del niño, poniendo en primerísimo lugar al niño y su felicidad y en segundo lugar los objetivos financieros y políticos. Considero que esta mesa, promovida por la Secretaría de Educación Pública, tiene la importantísima misión de dar la señal de alarma oficial en contra de los métodos y programas hoy en boga y advertir con todo rigor y sin complacencia alguna, sobre los riesgos de continuar por este camino de las competencias y de priorizar al valor del dinero por sobre todos los valores humanos en la educación. Todo ello materializado en la famosa frase Foxista de “Inglés y computación” para remediar los graves problemas educativos por los que atravesamos. Es fundamental que esta mesa recomiende también la reinserción inmediata de la música y las artes en las escuelas de educación básica y normal del país así como una formación basada en la identidad y culturas propias.
El médico debe esperar a que el análisis y diagnóstico se corroboren en todas sus aristas ANTES de decidirse a dar un fármaco tan agresivo y sólo utilizarlo después de que terapias alternativas y menos agresivas hayan sido probadas de manera infructuosa; sólo como último recurso. Su labor puede encontrar importancia capital en coordinar tales acciones y favorecer la comprensión de la problemática por la familia y el entorno educativo de su paciente y su efectiva participación en pro del niño.
La familia tiene que hacer un auto examen general de todos los puntos aquí señalados de manera tal que se evidencien vicios, actitudes y costumbres que puedan estar dañando el sano desarrollo de los hijos. Los padres también debemos analizar y, en su caso, rectificar nuestra acción, actitud y relación con los niños y revalorar lo que deseamos que el niño sea y sienta de nosotros y permitirle llegar a su independencia moral, psicológica y física con entusiasmo, confianza y felicidad. Debemos vigilar los posibles abusos o malos tratos que pudiera estar recibiendo en la escuela o en otros lugares de convivencia cotidiana. Preocuparnos por perfeccionar los mecanismos de comunicación que nos conecten con el alma de ellos.
Los medios de comunicación masiva, que sólo se han preocupado del Rating y los buenos negocios, aunque ello inunde al niño de material de desecho cultural, prácticas educativas desleales y corruptas y se le utilice como un producto comercial de fácil dominio, deberá regirse con mayor ética y desempeñar una función recreativa y cultural en donde la belleza tenga cabida y los principios éticos y pedagógicos se armonicen, de alguna manera, con sus intereses.
Las terapias alternativas también tienen que hacer lo necesario para propiciar el tratamiento integral y rico de la problemática tanto de manera preventiva como una vez que el trastorno se ha presentado; encontrando nuevas posibilidades de reorganizar a la familia, al niño y a su entorno. Evidenciando y denunciando las prácticas escolares autoritarias, rígidas y excesivas; dulcificando, armonizando, destensionando y alegrando la vida del niño así como haciéndola significativa y plena de afectividad y belleza.
De entre las terapias alternativas, es importante destacar la enorme riqueza que la musicoterapia abre en estas circunstancias. Al haber dirigido durante más de siete años un centro musicoterapéutico que aplica la música como elemento integrador del desarrollo del niño, he podido ser testigo de la rica y poderosa acción benéfica de la música a una gran cantidad de niños con diversos problemas, comprobando, día con día, las ventajas de usar procesos educativos y terapéuticos alternativos, antes de llegar al extremo del Ritalin. La musicoterapia aplicada con constancia y con un programa bien elaborado, logra integrar en un todo, lo esperable en una terapia para TDA, entre muchas otras razones porque:
La música embellece la vida. La belleza de la música se va adueñando poco a poco, mágicamente de cada célula de nuestro cuerpo de manera que logra transformar nuestros sentimientos y armonizarlos con los de la música que nos posee.
La música calma a las fieras. En tanto que la música responda a las necesidades afectivas del individuo y facilite los procesos catárticos y expresivos, permitirá que la tensión y ansiedad encuentren nuevos caminos de emancipación y resolución más armónicos y apacibles.
La música armoniza. La buena música es armonía, construcción perfecta, organizada, equilibrada y esta característica es recibida gustosamente por el niño quien aprende de ella y, aplicada adecuadamente, la usa para su propio organismo.
La música da identidad. En el caso de la música de calidad, fundamentalmente la tradicional -rica en cultura y experiencia social- otorga al niño su historia, su forma de ser y de pensar, su forma de nacer, de morir, de trabajar; en fin, una identidad que lo fortalece y alimenta.
La música estructura. La construcción musical, la vida interna de una obra bella, contiene una estructura y un equilibrio tan perfectos que, a través de un uso adecuado, se puede lograr que el niño perciba tales condiciones y las adopte en su propia estructura emocional, mental y física, ya que se trata de un elemento integral e integrador.
La música comunica. La música es un lenguaje, comunica sentimientos, estados de ánimo, sensaciones, lo que permite hacer que el niño comprenda las sensaciones que él percibe por medio de la audición de obras cuidadosamente escogidas y logre expresar su mundo interior a través de su canto y práctica instrumental.
La música hace feliz el aprendizaje. No hay nada como el juego para el niño, pero si el juego es musical, la actividad se potencializa hasta el infinito. Así, la musicoterapia bien dirigida y estructurada puede inundar el alma y la mente del niño de felicidad, alegría y satisfacción constantes que también se fortalecen y enraizan al momento en que sus necesidades expresivas, sensibles, psicológicas y físicas se ven satisfechas en su relación con el estímulo musical a través, justamente, del juego; principio y fin del quehacer propio y deseable del niño.
La música enseña a jugar. La condición más elevada del juego en el niño, toma la forma de la música ya que esta permite integrar la experiencia, dándole valor cognitivo, afectivo y motor. Así, la música puede hacer que el niño aprenda lo necesario para participar eficientemente de la riqueza del juego.
La música transforma de manera integral. Afecta a todo el ser. No hay rincón en el cuerpo, el alma y la mente del niño que no se vea estremecido poderosamente por un estímulo musical de calidad y correctamente utilizado, de tal manera que se permite que los resultados sean cada vez más abundantes, ricos, trascendentes y duraderos.
Por todo lo anterior, veo en la actividad musical y más puntualmente en las prácticas musicoterapéuticas, una opción segura, eficiente y económica para enfrentar exitosamente la embestida del TDA a nivel nacional; sin embargo, habrá que denunciar que las actuales políticas educativas contrarias a la naturaleza y la riqueza del niño, han logrado prácticamente eliminar la actividad musical en las escuelas de educación básica así como en las instituciones formadoras de docentes preescolares y de educación primaria, por lo que activar dicha opción en los centros escolares requerirá, urgentemente, de devolver de manera abundante el arte musical a las escuelas preescolares, primarias, secundarias y normales, de donde nunca debió salir. Mientras eso sucede, todos aquellos profesionales relacionados con el cuidado y atención de nuestros necesitados niños, requieren revalorar, a la luz de las últimas prácticas terapéuticas en el mundo, a la música como un medio idóneo de transformación y armonización del niño. También considero importante que diversos especialistas puedan prepararse eficientemente en las prácticas musicoterapéuticas o incluir en sus grupos de especialistas a un musicoterapeuta así como recomendar a sus pacientes, antes de cualquier medicación, una actividad musical o, mejor aún, incluir en la batería de tratamiento integral elegido, una musicoterapia eficientemente aplicada.
Sin duda habrá aún mucho más qué decir y qué estudiar en torno al TDA, lo único que no es posible aceptar es que los padres, maestros y demás actores sociales inmiscuidos no cuenten con abundante información que les permita decidir con justeza acerca de esta problemática y que el TDA permanezca como estigma de la niñez. De muchas maneras todos somos responsables del trastorno y también parte fundamental de la solución.

Pablo Torres Parés.
Diciembre del 2004.